El golfo de Guinea es la región más afectada por la piratería, pues representó en el 2020 más del 95% de los secuestros de embarcaciones, con 130 de los 135 tripulantes secuestrados en el mundo, según el último informe anual sobre la piratería de la Organización Marítima Internacional (OMI).

En el primer trimestre del 2021, esta zona concentró casi la mitad (43%) de todos los incidentes reportados en el mundo y fue la única en la que se ha secuestrado a tripulantes (40) en este periodo.

La razón de que esta área sea la más azotada por ese problema se debe a la erradicación de la piratería en aguas somalíes, lo que ocasionó que desde el 2013 el golfo de Guinea sufra más incidentes que Somalia, explica Fernando Ibáñez, doctor en Conflictos y Seguridad y profesor de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA) y del Campus Internacional para la Seguridad y la Defensa (CISDE).

“Desde el año 2012, (los piratas somalíes) no han sido capaces de secuestrar un mercante por el que obtener un rescate”, por lo que “mientras que en el Índico las acciones de piratería se han reducido hasta su desaparición, los incidentes en el golfo de Guinea han permanecido estables en torno a un centenar de casos por año”, señala Ibáñez.

Origen: Nigeria

El origen de esta piratería se encuentra en el delta del Níger, en el sur de Nigeria, cuyas reservas de petróleo han convertido al país en el primer productor de “oro negro” del continente, de cuya extracción obtiene más del 80% de sus ingresos por exportaciones.

Sin embargo, las comunidades locales, que denuncian la contaminación de sus tierras por derrames de crudo, la pérdida de sus medios de subsistencia y no se benefician de los ingresos del petróleo, lo que dio lugar a actividades de grupos armados contra las empresas petroleras como actos de sabotaje, robo de crudo y el secuestro de su personal.

Según Tarilla Marclint Ebiede, analista y profesor adjunto de asuntos internacionales en la Brussels School of Governance (Bélgica), la piratería en el golfo de Guinea está vinculada a la represión por parte del Ejército nigeriano de actividades como el robo de petróleo y el refinado ilícito del crudo en el delta del Níger.

Es decir, “en ausencia de otras actividades económicas ilícitas lucrativas, los grupos criminales con capacidad para navegar en el océano están empezando a recurrir a la piratería”, cuenta a Efe Marclint.

La mayoría de las personas que se dedican a esta actividad son de origen nigeriano y su objetivo es robar el crudo que transportan los buques petroleros para venderlo en el mercado negro, pero, debido a la bajada del precio de esa materia prima, la actividad más rentable para ellos es secuestrar a tripulaciones a cambio de un rescate.

Secuestros masivos

“Ya no capturan solamente a dos o tres personas, sino que hay secuestros masivos en los últimos meses, llevándose a ocho, diez o quince personas a tierra. Estos secuestros duran de media entre un mes y mes y medio”, apunta Ibáñez.

El aumento de la violencia en los ataques a los barcos y que se produzcan cada vez más lejos de las costas motivó que esta semana alrededor de 185 compañías navieras y asociaciones de más de veinte países firmaran una declaración conjunta para pedir una coalición contra la piratería en el golfo de Guinea, que, según los firmantes, “se ha convertido en una maldición para los marineros en la última década”.

En Somalia se logró erradicar la piratería gracias a la creación de un pasillo de seguridad en el golfo de Adén y el embarque de vigilantes de seguridad privada armados en los mercantes, herramientas que, de momento, no se tienen en el golfo de Guinea.

Prohibición de seguridad privada

El motivo es que, por un lado, “Nigeria es celosa de su soberanía y no está por la labor, al menos por el momento, de permitir que buques de guerra de otros países frecuenten sus aguas”, indica Ibáñez.

Por otro, continúa, las autoridades locales no permiten el embarque de vigilantes de seguridad privada armados, y países como Nigeria, Togo y Benín prefieren alquilar a sus efectivos, un recurso en el que “para los mercantes que operan habitualmente en el área el coste es elevado y no se lo pueden permitir”, y que, además, no les genera confianza.

“No siempre hay satisfacción entre los capitanes y las tripulaciones con este tipo de escoltas. En alguna ocasión ha ocurrido que, justo cuando se va la escolta, se produce un ataque, lo cual es sospechoso”, añade Ibáñez.

Este analista cree que la clave es que mejoren “las condiciones de vida de la mayoría de la población del sur de Nigeria, así como los problemas de corrupción y buena gobernanza que arrastra el país en su totalidad”.

Para Marclint, “invertir en la gobernanza comunitaria para reducir el riesgo de que la piratería surja de las comunidades del delta del Níger resolverá de forma significativa el problema, al tiempo que se ahorrarán millones de dólares que se habrían utilizado para financiar intervenciones militares en el golfo de Guinea”.