Nigeria: una manifestación dispersa por disparos tras el toque de queda de 24 horas en Lagos

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Manifestantes en Lagos (Nigeria) guardan un minuto de silencio en memoria de las víctimas de la violencia policial, el 19 de octubre de 2020. (BENSON IBEABUCHI/ AFP)

“Varios manifestantes han sido asesinados, se trata de saber exactamente cuántos”, declaró a la AFP Isa Sanusi, portavoz de la ONG Amnistía Internacional.

Aseguran que “corrieron para salvar sus vidas”. Más de 1.000 manifestantes se reunieron pacíficamente en un peaje en Lagos, la capital económica de Nigeria, y fueron dispersados en la noche de ayer martes, 20 de octubre, por disparos, tras la entrada en vigor de un toque de queda total. Este fue decretado para intentar apagar el movimiento popular nacido a principios de octubre en las redes sociales con el fin de denunciar las violencias policiales.

Cuando el toque de queda entró oficialmente en vigor el martes por la tarde, los manifestantes se sentaron en el peaje que han estado ocupando durante más de una semana, portando banderas en señal de “no violencia”. “Al caer la noche, las luces del alumbrado público y los carteles se apagaron de repente”, dice Toye, una manifestante de 32 años. “Todo el mundo gritó y llegaron hombres y comenzaron a disparar”, informa a la AFP.

Muchas personas parecían estar heridas en los videos de los manifestantes en las redes sociales. ” Varios manifestantes han sido asesinados, se trata de saber exactamente cuántos”, declaró a la AFP Isa Sanusi, portavoz de la ONG Amnistía Internacional. Los heridos fueron trasladados a varios hospitales privados de la ciudad, que habían abierto sus puertas a los manifestantes.

Almenos 18 personas han muerto en 12 días

Desde hace 12 días, miles de jóvenes nigerianos están manifestado en las grandes ciudades del país más poblado de África, primera potencia económica del continente. La protesta, nacida para denunciar las violencias policiales, se ha extendido poco a poco a reivindicaciones contra el poder central y la mala gobernanza.

Además de una mejor representación de la juventud en la escena política, los manifestantes reclaman en las procesiones el aumento de los salarios y más puestos de trabajo.

Al menos 18 personas, entre ellas dos policías, murieron en esas marchas, que hasta hace poco habían sido en general pacíficas.