InicioDestacadoMundoMuere a los 98 años Jacques Delors, arquitecto de la construcción europea

Muere a los 98 años Jacques Delors, arquitecto de la construcción europea

Fue el 'padre' del euro y del programa Erasmus y presidente de la Comisión Europea durante una década, entre 1985 y 1995.

Adiós a una de las figuras clave en la historia de la Unión Europea. Jacques Delors, exministro socialista francés y expresidente de la Comisión Europea, ha fallecido este miércoles a los 98 años, ha anunciado su hija Martine Aubry, la alcaldesa de Lille. Retirado desde hace años de la política activa, pasa a la historia como uno de los presidentes más importantes del ejecutivo comunitario. A pesar de una carrera relativamente modesta en Francia —solo fue ministro tres años y nunca llegó a presentarse en unas elecciones presidenciales—, Delors llevó las riendas de la UE entre 1985 y 1995. Una etapa clave en la arquitectura actual del proyecto europeo, con sus virtudes y defectos.

“Hombre de Estado con un destino francés. Incansable artesano de nuestra Europa. Combatiente para la justicia humana. Jacques Delors era todo esto”, ha reivindicado en la red social X el presidente francés, Emmanuel Macron. “Un gigante acaba de abandonarnos. Hijo del siglo (XX), conoció lo peor e intentó conjurarse contra la desgracia y a favor de la construcción de una paz duradera”, ha destacado Olivier Faure, secretario general del Partido Socialista galo. “Delors fue un visionario que hizo nuestra Europa más fuerte”, ha añadido la actual presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. 

Los elogios afloran para despedirse de este dirigente clave en la construcción europea. Designado al frente de la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1985, Delors dirigió la transición de la CEE a la Comisión Europea. Su década en Bruselas también estuvo marcada por el nacimiento del euro y del programa de intercambio de estudiantes Erasmus. También tuvieron la firma de Delors el Acta Única Europea (1986), que profundizó en la creación de un mercado único, y el Tratado de Maastrich (1992), que estableció las controvertidas reglas de un déficit máximo del 3% y un endeudamiento público del 60%.

Arquitecto de la construcción europea

elors fue un dirigente clave en esa década que asentó buena parte de los pilares de la actual UE. Ejerció como ese arquitecto en la sombra del binomio francoalemán compuesto por el socialista francés François Mitterrand y el democristiano alemán Helmut Kohl. En un periodo de bifurcación histórica, marcada por los síntomas de agotamiento del modelo keynesiano de la Postguerra y el auge del neoliberalismo en el mundo anglosajón, Delors intentó conciliar la necesidad de adaptarse a una coyuntura cambiante, la conservación de los valores sociales del ideal europeo y los compromisos entre París y Berlín.  

Con la perspectiva histórica de los últimos 40 años, algunas voces lo acusan en Francia de haber cedido en exceso a los postulados del ordoliberalismo teutón. Y le reprochan haber forjado una Europa en que predomina el acento alemán y flaquea su pata social. Pese a su relevancia evidente en la política del Viejo Continente, Delors nunca ha sido una figura de consenso en su país. 

Nacido en 1925 en el este de París, fue el hijo único de una familia modesta y que simpatizaba con el radicalismo socialista. Durante su adolescencia, soñaba con ser periodista, cineasta o un gran modista, pero al terminar el bachillerato no pudo ir a la universidad y su padre lo empujó a seguir sus pasos trabajando como pequeño funcionario en el Banco de Francia. Gracias a su espíritu autodidacta y su militancia en el sindicalismo cristiano y el movimiento scout —inspirado en el pensador personalista galo Emmanuel Mounier—, Delors fue subiendo escalones hasta convertirse en un alto funcionario. En 1962, lo nombraron como uno de los miembros de la Comisaría General del Plan. Y entonces también participó en la creación del sindicato CFDT.

Después del Mayo del 68, colaboró en 1969 como consejero en asuntos sociales con el entonces primer ministro, el gaullista social Jacques Chaban-Delmas (centro). “No podemos decir que mis esfuerzos se hayan visto coronados por éxitos a largo plazo, ya que recaímos a partir de 1973 en ese clima de fría guerra civil que caracteriza las relaciones sociales francesas”, lamentaba en ese momento sobre su paso en Matignon. 

“O mentía al país o mentía a los socialistas”

Delors fue un partidario de una política pragmática y del acuerdo. También defendió una visión basada en cambios liderados por las estructuras intermedias y una clase política “ilustrada”. “Solo la política, con sus ambigüedades y su doble cara de ángel y bestia, permite al hombre acceder al dominio de su destino, luchar contra la violencia y resolver las contradicciones. Aportar su mediación suprema a las tensiones de la vida colectiva”, escribía en su libro Mémoires, publicado en 2004.

Tras su paso por Matignon al lado de uno de los últimos referentes del gaullismo social, se acercó al socialista Mitterrand. Entre 1981 y 1984, ejerció como su ministro de Finanzas en un periodo marcado por el tournant de la rigueur (giro del rigor) y la adopción de políticas de austeridad a partir de 1983 para afrontar la crisis de la inflación y monetaria de ese momento. Esas medidas drásticas decepcionaron al electorado de la gauche y llevaron a la derecha republicana a recuperar la mayoría en la Asamblea Nacional, en el primer gobierno de cohabitación de la presidencia de Mitterrand. También propiciaron el salto de Delors a Bruselas.

Tras acabar su fructífera década al frente de la Comisión Europea, se especuló con su posible candidatura a las presidenciales de 1995, pero renunció a presentarse. Lo anunció en un programa televisivo que registró una audiencia de 13 millones de telespectadores. “O bien mentía al país o mentía a los socialistas”, explicó Delors para justificar su decisión. Considerado demasiado de izquierdas para el gaullismo y demasiado de derechas para la familia socialista francesa —inspirada entonces por el marxismo y el espíritu revolucionario galo—, no logró consagrarse como una gran figura en la política interna de Francia.

No obstante, sí que fue un dirigente clave en la UE y reconocido a nivel internacional. En 1989, recibió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional y en 1998, el Premio Internacional Catalunya que otorga la Generalitat. Y tras haber fallecido, incluso sus detractores históricos del ala izquierda del PS le reconocen el mérito de haber encarnado una izquierda que no tenía miedo al futuro. Y lo hacía pensando en grande.

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